Por Cristóbal Moya
Hay algunos días (sobre todo en las vacaciones) en los que la resaca se sana bebiendo más, la realidad y las pesadillas se confunden, el espacio-tiempo se distorsiona y todo se vuelve un ciclo vicioso. Y al momento de volver a la realidad y a la rutina, uno no sabe bien que fue lo que pasó, hay sentimientos de duda, de miedo y de cuestionamiento existencial. Y de todas maneras uno vuelve a caer en el espiral, una y otra vez. "Painkiller", del año 2008, es la tercera entrega del londinense Parker a.k.a. Zerocrop, y es eso: un viaje por un espiral, que se puede interpretar como una oscura travesía a través de un despertar resacoso y una pérdida de conciencia, pasando por todos los estados anímicos (y de intemperancia) que hay entre una copa y la otra. Y como una droga, te hace volver a escucharlo una y otra vez.
En esta ocasión Mr. Zerocrop nos introduce a un mundo mucho más ambiguo que en sus discos anteriores, los cuales estaban plagados de ritmos frenéticos, samplers, obsesiones y adicción a las relaciones homo eróticas por Internet; aquí, los pausados ritmos se mezclan con un par de momentos ávidos de agilidad y sonidos oscuros, curiosos y a ratos surrealistas, como si fuesen la banda sonora de alguna película de Lynch (claramente no de "Straight Story"), dando la sensación de estar en un mal viaje, del cual si bien uno puede volver, está claro que jamás será el mismo, y letras oscuras, que investigan aquel lado que todos tenemos y del que pocas veces hablamos, ese lado adicto, fetichista, pervertido y a la vez sensible. Desde los gritos del comienzo en "Die Screaming" (que bien podría ser la mañana de una noche más que agitada), hasta el after after after hour de "Evil", ronda la sensación de que algo nos pusieron en el trago, como diría mi mamá.
La calma de "Scum" se contrapone con la letra de la canción, que sugiere ser el éxtasis de la fiesta: "Amo verte bailar, eres tan entretenido, así que cállate y escucha lo que está poniendo el DJ". para luego pasar a la parte de atrás del bar (como si se tratase de la parte de atrás del Bang Bang Bar de Twin Peaks) en "Inside the Prison", cuya perturbante letra y coros en español le añaden la extrañeza suficiente como para saber que ya no estamos en casa y que nuestra mente ya no nos pertenece. La voz de Parker es como gotas de anestesia antes de una operación, y se va deslizando a través de pasadizos pedrosos sin perder el norte, recordando la época dorada del new wave, cuando los cantantes podían salvar hasta la más miserable de las bandas. Aunque acá de miserabilidad, nada. Excepto, quizás la del alma, pero esa ya es harina de otro costal. Si hubiese que compararlo (la eterna pregunta de ¿a qué se parece?) diría que es una mezcla entre el "99.9Fº" de Suzanne Vega y el "Downward Spiral" de Nine Inch Nails. Así tal cual.
"Painkiller" es un trabajo muy bien pensado y muy bien acabado (algo que se agradece, y que le falta a muchas entregas independientes), una obra mucho más personal que sus anteriores trabajos, pero que no pierde ese ingenio y esa eterna búsqueda de plasmarse a uno mismo en un disco. Si bien acá no hay samplers de gay-chats (como en su entrega anterior, "Fucked" del año 2004), ni un imaginario audiovisual sadomasoquista (como en su single debut "Ain't No W*nker" del año 2000), existe la suficiente peculiaridad como para darnos cuenta de que estamos frente a una pequeña obra maestra. Una lástima que trabajos como este pasen casi desapercibidos, la única forma de conseguirlo es a través de la página de Zerocrop, la cual de todas formas es muy interesante de visitar.
Así se hace menos pesada la espera del nuevo material de don Parker, lo cual, al menos en lo personal, espero con ansias.
Calificación:
(cuatro copas y media de absenta!)
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