Desde el año 94 y de la mano de su líder y mentor Peter Bjärgö, que el proyecto sueco neoclásico, Arcana, nos viene seduciendo con su fina propuesta musical. Un sonido como traído de los más recónditos paisajes de la geografía y del espíritu humano, con los que teje magistralmente su sonido etéreo y fantasmal.
Cuatro años después de haber lanzado Raspail, y tras haber publicado a principios de este año el EP Emerald, Arcana lanza su séptimo álbum de estudio titulado As Bright As A Thousand Suns, un disco mágico de extensos pa(i)sajes instrumentales que invitan a perderse en un trance hipnótico. Y es verdad, escuchar a estos suecos es como hacer ingreso a una sesión de hipnosis con Arcana moviendo su péndulo frente a nosotros.
Peter Bjärgö y sus miles de soles te transportan por un arroyo en el que todo parece estar en calma, con un vaivén suavecito que al espíritu torna sereno y a la mente brinda reposo. Esta placa posee una cuidada instrumentación, sello característico del grupo, en el que podemos advertir el eco de los instrumentos de cuerda, mezclados con un piano y variadas percusiones, además de las voces del propio Bjärgö y la soprano Ann-Mari Thim que parecen flotar sobre la base rítmica.
Somnolence con sus casi dos minutos de duración es apenas el breve preludio de un disco de largas composiciones, serenas y cíclicas, que lejos de combatir el insomnio provocan el sueño, entendido como la respuesta onírica al estímulo musical: La prestidigitación del inconsciente. Mientras que las canciones que siguen bordean los cinco minutos de duración, e incluso alcanzan los seis, como ocurre con In Memoriam.
El lenguaje de Arcana es un lenguaje arcano y antiguo -valga el juego de palabras- que denota sapiencia y madurez, lo que queda claramente demostrado en un opus como Inceptus, que se te mete por dentro con un juego de percusiones tan vivo que nos parece verlo en imágenes. Y en lo grueso, As Bright As A Thousand Suns es un disco que posee un marcado carácter visual, lleno de imágenes hermosas proyectadas en el misterio.
Sin llegar a ser oscuras, canciones como Infinity o As The End Draws Near lucirían fantásticas dentro de una película de David Lynch. Mientras The Fading Shadows es de esas canciones de Arcana que nos recuerdan a Brendan Perry y esa exquisita forma de interpretar una canción, con sus percusiones protagónicas y una atmósfera que bordea el límite entre la sombra y la luz.
Y para el cierre, una delicia. Vinter se encarga de poner los puntos suspensivos a la placa. Se trata de una delicada pieza instrumental en piano, que infunde una extraña sensación de indefensión y suspenso… un pequeño escalofrío musical para despedir un disco que es puro esplendor. Con este nuevo álbum, definitivamente, los soles de Arcana vuelven a brillar.
Arcana – In Memoriam:



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