Esta relación que tiene hoy David Lynch con la música, tras publicar su disco debut Crazy Clown Time, en realidad no es nueva. El director de Lost Highway se ha involucrado activamente en la creación de la banda sonora de sus filmes, junto a su eterno colaborador Angelo Badalamenti, con quien obtuvo un Premio Grammy en 1991 a la Mejor Canción Pop Instrumental por Falling, tema central de la serie Twin Peaks, interpretada por Julee Cruise. Un año antes, en 1990, Lynch había lanzado en formato VHS ese experimento musical titulado Industrial Symphony N.1: The Dream of the Broken Hearted, que también reunía a Cruise y Badalamenti, en una performance teatral de música avant-garde. Conocida es también su colaboración en el maravilloso proyecto Dark Night of the Soul, de Danger Mouse y Sparklehouse, que reunió a una lista impresionante de músicos como Iggy Pop, Suzanne Vega, Black Francis, Julian Casablancas y por supuesto al lamentablemente fallecido Mark Linkous, sólo por nombrar algunos. En ese disco, que no estuvo exento de polémicas, Lynch puso la voz en dos canciones y se encargó del aspecto visual del proyecto.
Con Crazy Clown Time, finalmente el pintor, actor, cineasta y músico se decidió a publicar por primera vez un disco propio, y el resultado, si bien no es algo demasiado impresionante, está en un nivel más que aceptable.
Las canciones de David Lynch son perfectas para ser acompañadas por imágenes de sus películas, en este sentido, el disco es sumamente “visual”, y prueba de ello, la encontramos en el videoclip que él mismo dirigió para el single que da nombre al disco. Un trabajo audiovisual hipnótico, grotesco y escalofriante, muy en la línea de lo que el director norteamericano nos tiene acostumbrados.
Pinky’s Dream es el corte encargado de abrir la placa, una canción que Lynch describe como: The horror and sadness of losing someone to other dimensions, y que cuenta con Karen O (frontwoman de Yeah Yeah Yeahs) a cargo de las voces, mientras Lynch acompaña en guitarra, junto a su colaborador Dean Hearley que pone el acento en guitarra adicional y batería. El resto de las canciones son todas interpretadas por el propio David Lynch quien de entrada, nos deja evidenciada la textura que tendrá en adelante su disco: ambiental y onírico, enigmático y oscuro. Un álbum, al que le hubiese venido bien otras colaboraciones a cargo de la voz, o que la propia Karen O interpretara algún otro tema.
David Lynch ha definido este disco como un Blues Moderno, pese a los cortes electrónicos que posee la placa, como Good Day Today (lanzado como adelanto a fines del 2010) o la estupenda Stone’s Gone Up.
La influencia que ejerce Angelo Badalamenti sobre la música del director es innegable, y en verdad es también comprensible, dada la cantidad de años que han trabajado juntos. En cuanto a su voz, está claro que Lynch no es cantante, y más que cantar lo que hace es recitar las letras que él mismo escribe, como una lectura levemente acelerada, en la que utiliza una voz que cuando no está intervenida por el uso del vocoder, suena –literalmente- como una vieja bruja, y a ratos similar a la de Daniel Johnston, a excepción del corte Crazy Clown Time, que nos recuerda más a The Tiger Lillies. Como para perturbar y enloquecer a cualquiera.
Hasta So Glad, tercer corte del álbum, todo parece ir bastante bien. Hasta ahí se advierten ciertos matices en el disco, ya hemos oído algo de este Blues Moderno y de Electrónica, con mucha atmósfera que es lo que le gusta a Lynch, con una propuesta instrumental austera, pero efectiva. No obstante, con canciones como Noah’s Ark el álbum comienza a caer en la monotonía y el sopor, seguida de I Know (publicada también el 2010 como adelanto) que posee un poquito más de fuerza, para rematar con la muy extensa y agotadora Strange and Unproductive Thinking y su parloteo interminable.
The Night Bell with Lightning es el único instrumental incluido en el Crazy Clown Time. Apenas provisto de guitarra eléctrica, bajo y batería, parece recrear los últimos estertores de un pueblo fantasma, con una fuerte carga cinematográfica, sigue la línea de temas como Go Get Some, incluido en el soundtrack de Mulholland Drive.
Stone’s Gone Up aparece por fin para sacudirnos del sueño. Se trata de una canción electrónica, con una parte susurrada a modo de introducción y otra más movida que hace las veces de coro. El corte posee un estribillo bastante rico de seguir, para rematar con sirenas de carros policiales creando el cuadro perfecto para un sueño de carretera.
La canción que hace la diferencia en el disco es precisamente la que también le da el nombre. Crazy Clown Time es una especie de Blues bizarro extraído de una voz y una mente enferma, canción a través de la cual Lynch relata una serie de situaciones absurdas y extrañas: “Paulie tenía una camisa roja”, “Susie, se arrancó la camisa por completo”, “Danny se vierte la cerveza”, textos que recuerdan a los diálogos desquiciantes de la serie Rabbits del mismo realizador.
Este álbum habría ganado muchísimo si dos o tres canciones hubiesen quedado fuera, e incluso cuatro, en lugar de los 14 tracks que lo componen. Esto, debido a la somnífera monotonía de la que cae presa la placa, a pesar de las atmósferas que logra imponer David Lynch (y que insistimos, es lo que más parece importarle), y de la cercanía (para bien o para mal) que tiene su música respecto a su propio cine. Speed Roadster y She Rise Up -encargada del cierre- eran perfectamente descartables y poco aportan a la totalidad del disco.
En definitiva, Crazy Clown Time es un álbum que los seguidores más acérrimos de David Lynch sabrán apreciar, sobre todo quienes sienten debilidad por los soundtracks de sus películas y que gustan del trabajo de Angelo Badalamenti y de todas las rarezas del director de Eraserhead, al que esperamos ver pronto detrás de una cámara, en un terreno que le es más propio y manejando un lenguaje que le resulta natural, en el cual definitivamente no hay quien se le iguale.
David Lynch – Good Day Today:




1 comentario
#1marcofago19 mayo, 2012, 1:44
Lynch nunca ha hecho su arte para el popular. La crítica que haz hecho solamente deja de manifiesto este parecer y lo que Lynch provoca en la gente, muy especialmente en quienes no son capaces de conectarse con sus creaciones y en quienes si lo hacemos. Si eso denota mi fanatismo, entonces me declaro delirantemente un fanático. Sencillamente Creazy Crown Time me parece genial y único en su estilo. Si para tu parecer ser autentico, único y transgresor es sinónimo de “monotonía” como lo describes, la verdad es que no tienes mucha propiedad para la crítica. Gracias.
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