Tool: El Tercer ojo de la Música

Tool: El Tercer ojo de la Música

Por Tilo Nurmi

Si tuviésemos la habilidad de anestesiar por completo nuestro cuerpo, sólo para evitar el dolor extremo, y someternos a un martirio divino, con la punta filosa de una navaja o un bisturí y abrirnos la piel, con la suavidad de una caricia y la profundidad de un abismo, y ver brotar la sangre como un río de lava que enrojece nuestros sueños y nuestra conciencia, abrirnos la piel a martillazos tan tibios como un beso, mirar el interior de nuestra carne expuesta, nervios, venas, músculos y carnes que palpitan por mantenernos vivos, olernos como lo haría una leona con su cría, palparnos el interior de nuestros huesos, y escucharnos y vernos y sobre todo escucharnos y vernos, hasta encontrar el espíritu que habita en nosotros, la luz que nos hace tan humanos como una pelea de osos, la divinidad que nos engulle... eso, precisamente eso y un poco más... es Tool.

Corrían con prisa los años noventa y Nirvana se apoderaba del Mundo. Mientras el "Dirt" de Alice In Chains ya era parte de mi propio ADN musical, al igual que el "Above" de Mad Season, y tanto el "Chaos AD" de Sepultura como el "Victimized" de Criminal todavía hacían papilla de mis sesos, entre los monstruos de Dorso, el satanismo de Execrator y la locura sonora que aún aprendía a digerir de Supersordo, en cintas gastadas de tanto hacerlas girar en una radio con doble casetera, junto a la magia del "Rec/Play"... En ese contexto, el circo de la falsa Democracia, la Enseñanza Media y el sentirse rebelde por llevar bototos y la camisa afuera durante las clases, el infaltable amigo musical, el dealer de joyitas de la época tan notables como el "Vitalogy" de Pearl Jam o el "Demanufacture" de Fear Factory, hizo llegar a mis manos dos cassettes piratas de una banda, que para él, eran su grupo favorito de la vida... Eduardo Saa, o el "Shinsha" como cariñosamente le decimos hasta hoy, con todo el entusiasmo que conlleva el mostrarle a alguien un tesoro preciado, me compartió las cintas para escucharlas durante ese fin de semana. Se trataba de los discos "Undertow" y "Aenima" de Tool...

Al Lunes siguiente, le llevé sus casettes de regreso y le dije textual: "Ahí están tus cintas, vale callampa tu grupo!!". Con cierta desazón, recibió sus cassettes, notoriamente ofendido por mi sinceridad mal entendida y no hablamos más del asunto. La amistad no se vio fracturada por este "incidente", pero a partir de entonces entre nosotros Tool se convirtió en algo parecido a una espina en el zapato.

Sé que mis padres no leerán esto, así que puedo decirlo con toda confianza: En uno de aquellos memorables carretes entremedio de las clases, donde los cigarros, el vodka, el tequila, el pisco, la chicha y las cervezas que comprábamos juntando las últimas monedas de a cincuenta y de cien, adornaban nuestras tiernas borracheras juveniles inventando juegos para "comernos" a la mina que nos gustaba, alguien puso la tele, sintonizó MTV y pasaron el video que me cambiaría la vida de ahí en adelante. El nombre de la canción estaba censurado y sólo la titulaban como "Track #1", la banda, Tool, y aquel video, era lo más potente, hermoso, oscuro, luminoso, increíble e inconmensurable que había visto en toda mi reverenda y puta vida...

Apenas me encontré con el "Shinsha" de nuevo, como que no quería la cosa, le pedí si me podía prestar nuevamente sus cassettes de Tool... no le di demasiada información y él accedió a prestármelos sin decir mucho.

Cuando se los devolví nuevamente, le extendía la mano y dije textual: "Compadre, te pido disculpas, Tool es la mejor banda del planeta!!". Y así nomás fue.

No fue amor a primera escucha, pero sí para toda la vida.

Cada nuevo disco de Tool se espera y se recibe como a un crío recién nacido, cuando ese crío somos nosotros mismos intentando volver a nacer. Nunca el corazón y el ojo del culo estuvieron tan juntos. Nunca el espíritu fue tan palpable y tan sereno y tan violento y tan hermoso. Nunca el cielo y el infierno convivieron de una forma tan natural. Nunca fuimos tan animales y tan exquisitos. Nunca, como la música de Tool.

Con Tool el cielo nos vomita por dentro.

Para algunos son seres venidos de otro planeta, cuatro músicos extraplanetarios que vienen a despertar el tercer ojo que por un error genético nunca nos salió. Andróginos mutantes que con su música, te elevan a un estadio de conciencia y espiritualidad que con ninguna otra banda es posible experimentar... La guitarra de Adam Jones es una hamaca maldita que mece tus peores sueños y tus mejores pesadillas, con un bajo de Chancelor que te rasga la piel para recordarte que estás vivo y que eres hermoso. El caballo que galopa sobre la batería de Danny Carey cabalga contigo y es tu hermano, mientras el bálsamo vocal de Maynard James Keenan te advierte que no estás solo, que tú eres la cura y el mal de tu propia enfermedad.

Con Tool, tu sombra se contiene queriendo explotar, y tus ojos se multiplican y el fuego que te habita se come al Mundo en un guiño... Deberán pasar otros 10 mil días para volver al pasado y rescatar esos sueños que te llevarán al futuro... Con Tool nada está escrito y todas las palabras sobran... incluso estas. Tool es una religión en la que sólo comulgan las hormigas y los fetos. Y al contrario de lo viril y "duro" que pueda resultar esta "herramienta" fálica sonora, Tool es un andrógeno hermafrodita que te come los tímpanos y se duerme en tu ombligo, como una motita de algodón, que el viento sopla como si fuese una brizna de nada, y que se posa en tu hombro, como ese dios que no existe y que nunca existió, para acompañarte por el resto de tus días y ser la banda sonora de todos los inicios de todas tus vidas, de todas tus muertes, de toda tu eternidad. ¡Amén!

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