One Day es siempre el mismo día, un 15 de Julio que marca los hitos de una particular relación de amistad entre dos jóvenes británicos, Emma (Anne Hathaway) y Dexter (Jim Sturgess). Una fecha atravesada por el amor, el crecimiento y la tragedia, para el desarrollo de una longeva relación de amistad que pone en perspectiva la evolución en el tiempo de sus dos protagonistas, desde la noche del 15 de Julio de 1988, en que ambos se conocen mientras celebran su graduación, pasando sucesivamente, año tras año, por cada 15 de Julio hasta el año 2011.
Emma es una chica inteligente, pero insegura, sin mucha fortuna y poco aventurera, con un talento especial para la narración. Dexter en cambio, es el eterno inmaduro irresponsable, mujeriego y vividor, el que nada se toma en serio y cuya vida se desmorona detrás del éxito aparente. A simple vista dos eternos clichés del cine romántico norteamericano, que en manos de la directora danesa Lone Scherfig recuperan vida y emoción, con una historia romántica apegada a la academia, con la que logra encantar, pero sin alcanzar una verdadera profundidad que la distinga por sobre la típica historia romántica que todos los años Hollywood nos entrega. De todas maneras, Scherfig construye un relato dinámico y entretenido, con momentos para el drama y el humor, y con dos personajes encantadores, sobre todo Hathaway, que en el papel de Emma resulta en verdad adorable. Y qué decir de Patricia Clarkson, en el papel de Alison, madre de Dexter, que en breves apariciones su sola presencia resulta del todo arrolladora.
Cada 15 de Julio las vidas de Dexter y Emma logran un punto de encuentro, un encuentro que acaba por alejarlos o mantenerlos más cerca, según como ocurran los eventos del día. Emma debe ver con resignación la imposibilidad de tener a Dexter a su lado, mientras éste recurre a ella cada vez que atraviesa por algún tipo de problema.
Con una narración correctamente urdida y junto a la preciosa banda sonora de Rachel Portman, Scherfig nos hace parte activa de la historia, despertando en el espectador un vivo interés por lo que ocurre en la pantalla, al hacernos testigos del crecimiento de sus personajes y manteniéndonos atentos y expectantes ante cada suceso que ocurre en sus vidas. Esta instantánea de un día, revela en sus distintos años la moda de la época, el corte de pelo, la forma de andar, los intereses que los motivan, las parejas del momento y así, cada detalle que pone de manifiesto el paso del tiempo. Aunque para el espectador la mayor motivación del filme, sea saber si finalmente Dexter y Emma se quedan juntos viviendo felices para siempre… Que aunque odiemos los happy endings hollywoodenses, debemos reconocer que siempre los esperamos.
Algo de esta historia nos recuerda a Nueces para el Amor, esa maravillosa película argentina dirigida por Alberto Lecchi que trata sobre cuán imperecedero puede ser un amor adolescente que sobrevive toda una vida, a pesar de lo que disponga el destino o la casualidad, en un contexto político muy complejo. Manteniendo las distancias, el filme de Lone Scherfig transita por un contexto menos violento, con una historia estereotipada, e incluso podríamos agregar hasta un poco superficial. Ambas cintas comparten, desde contextos y perspectivas muy distantes, los encuentros y desencuentros de una pareja y el común lenguaje del amor. Ese amor que sabe de dolores y alegrías, de amarguras y dulzor… Ese amor de una noche. Ese amor de toda una vida.
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