Congreso - Viaje por la cresta del mundo (1981)

Congreso - Viaje por la cresta del mundo (1981)

Por Diógenes Matus Valin

En plena dictadura y con el consiguiente apagón cultural, me imagino no debe haber sido muy fácil hacer música, y me refiero a buena música.

Porque hay que ser justo con la historia y de que había actividad musical en aquellos años, la había... en las peñas, tambos, fiestas universitarias, encuentros en gimnasios como el Plaza, animaban de algún modo las tristes tardes y noches de Santiago y regiones.

Andrés, Ernesto y Alejaica, Santiago del Nuevo Extremo, Schwenke y Nilo, Tumulto y otras bandas de distintas tendencias trataban de cautivar y captar la atención de una juventud hambrienta de mensajes y acordes que les dieran cierta dirección y esperanzas en tiempos difíciles. Algunas de las principales agrupaciones chilenas se encontraban en el exilio y debido a la poca conectividad, censura y aislamiento que existía, era un tanto complejo conseguir los últimos vinilos y casetes de Congreso, Inti-Illimani o Quilapayun. Son pocos los que se quedan en el país dando la pelea porque el movimiento artístico musical chileno no muera en las sombras. Congreso es de las agrupaciones clásicas de nuestra música, que no sólo se mantiene en actividad constante en esa época... antes y después, también crean un sonido y estilo que forman una indudable escuela perdurable hasta el día de hoy.

Es en este contexto que Congreso edita su quinto álbum de estudio. Alineándose con una postura más existencialista y americanista, que político contingente, la banda desarrolla un trabajo de alto vuelo poético y musical, en donde se mezclan diversos tipos de influencias, desde el Jazz Rock de Weather Report y Frank Zappa, la música folclórica latinoamericana, la música clásico-contemporánea, los tambores y vibras brasileras que en suma le dan a este disco colores, texturas y cierta sofisticación que no se había oído en una banda nacional.

Congreso es un grupo que a pesar de tener un líder claro en la figura de Sergio González, siempre se ha nutrido de talentos eximios, los cuales han aportado personalidad a cada disco de la banda. Pancho Sazo, otro de los fundadores del colectivo, los había dejado un par de años antes y en la búsqueda de nuevos elementos y sonoridades ingresan tres músicos fundamentales en la composición, dirección, estilo y arreglos de la placa. Es así que con la adición de Ernesto Holman al bajo fretless (sin trastes), Aníbal Correa en piano y Joe Vasconcellos en voz, percusiones, accesorios y composición, la agrupación encuentra aires renovados.

La banda, que también componían los hermanos Gonzalez: Sergio "Tilo" en batería, composición; Fernando en guitarra eléctrica y Patricio en cello, guitarra acústica y charango. Más Hugo Pirovic en flauta traversa, dulce, tarka, melódica, voz y Ricardo Vivanco en marimba y percusión, transforman su estilo de manera elegante e inteligente y lo vuelcan a la Fusión Latinoamericana con una preponderancia por pasajes musicales de una belleza natural y complejidad rítmico-armónica, que heredan de entre otras fuentes del Rock Progresivo. Además, cortesía de Joe Vasconcellos, obtienen un éxito en las radios con el ya clásico "Hijo del Sol Luminoso", quizás una de las canciones más emblemáticas, no sólo de la banda sino que del cancionero popular nacional.

El LP no tiene momentos bajos, es una fluida y equilibrada obra, mezcla de virtuosismo y buen gusto, cada canción es un mundo aparte, lo que le da una variedad y diversidad notable al escucha. Temas como "Nuevo Intento", "La Tierra Hueca" o "Undosla" transitan la senda de mezclar letra y melodía con espacios sonoros que nos llevan a la selva brasilera, parajes en el norte y sur de nuestro país, la ciudad y porqué no, a los recovecos del alma y la mente... Otros como "El Descarril" y "Viaje por la Cresta del Mundo" son instrumentales en donde se puede apreciar perfectamente la ductibilidad y talento de un grupo que funcionaba como una máquina muy bien afinada y aceitada, en suma como una unidad indivisible, en que cada músico tenía su espacio vital para desarrollar su talento y pasión. Otros temas destacados son "Hijo del diluvio" y "El último vuelo del alma".

Congreso

Holman, que en todo el disco realiza un trabajo digno de análisis para cualquier bajista, se despacha en el tema que da nombre a la placa un pequeño solo que a mi criterio pasa a la historia, por su fineza, tino y belleza. Joe viste cada canción con sonidos mágicos y dota al colectivo de letras ancladas en el espíritu y alma del continente. Correa entrega con su piano un fondo armónico y dinámico (relativo a las intensidades musicales) con aires contemporáneos complementando la marimba de Vivanco, el cello de González, los vientos de Pirovic y la delicada guitarra eléctrica de Fernando González.

Y qué decir del Tilo, humildemente creo que es uno de los mejores bateristas que ha dado este lado del mundo, inteligentísimo, talentoso como compositor y líder, su batería genera la fuerza necesaria para empujar cada pieza a través de un desarrollo coherente en el que nada sobra.

Por otro lado, destacaría el impecable y moderno sonido del álbum, a cargo del Ingeniero Eduardo Vergara. Como dato anecdótico, paralelo a la grabación del disco y para poder pagar las horas de estudio, llegan a un acuerdo con EMI y registran un LP de música tropical bajo el nombre de Los Farreros...

En suma un disco imprescindible en cualquier colección de música latinoamericana y ya que estamos ad portas del bicentenario, un buen motivo para empaparse y maravillarse de la profundidad y talento de esta banda oriunda de Quilpué, de la que también recomiendo, "El Congreso" (1971), "Tierra Incógnita" (1975), "Ha llegado carta" (1982), "Para los arqueólogos del futuro" (1989), "Aire Puro" (1990) y "La loca sin Zapatos" (2001).

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