Piwys - Piwys

Piwys (Homónimo, 2010)

Por Tilo Nurmi

El álbum blanco de Los Piwys:

Un sencillo y bonito digipack que envuelve en su sencillez el trabajo de cuatro muchachos que cultivan los sonidos clásicos del rock, matizados por baladas rock y un aire de rockabilly, con una propuesta musical otoñal, que sabe a cierta melancolía: Un té servido sobre la mesa, la colilla de un cigarro y un pan caliente con mantequilla aún soltando su vapor.

Este es un disco de barreras. Es como ir saltando vallas en nueve tracks, donde claramente el disco va de menos a más. Cada canción parece ser mejor que el tema que le precede. Sin embargo, la primera valla que nos obliga a saltar con vigor, es enfrentarse a la voz de Sergio Sánchez, su vocalista líder, que no logra encontrar su tono, ni su voz, para temas que ameritan un esfuerzo mayor en ese sentido.

Está claro que para hacer buen rock no se necesita ser un gran cantante. Pero también está claro, que al no ser un gran cantante es sumamente importante realizar una búsqueda tonal, alguna afinación que transmita la emoción de la música, más aún en las baladas donde la voz de Sergio no se siente cómoda. No pasa igual con los temas más rápidos, donde sí tiene pasajes donde encuentra una voz adecuada dentro de sus posibilidades, y hace más amable la audición completa del disco. Cuando la voz de un grupo tiene problemas de afinación, no se le cambia, ni se le expulsa, ni se le separa: simplemente se le educa, y eso ciertamente hay que entenderlo como una buena posibilidad para mejorar y lograr un concepto y un producto "redondito". Hay que encontrar su propia voz.

Sorteando esa valla inicial y ciertas licencias en la lírica que tal vez podrían omitirse o tratarse de mejor manera, te encuentras con un disco fresco de un rock con actitud, con canciones pegajosas que dan ganas de corearlas a la primera escucha, baladas tiernas y sensibles (omitiendo nuevamente ciertas frases cliché) y momentos de auténtica entrega, como en "El Enviado", que es uno los temas mejor logrados del disco, con la incorporación de una harmónica y una explosión de bajo/batería/guitarra para un tema pichanguero, que se mantiene ahí en lo alto todo el tiempo. Otro tema destacable del disco es "Fábula Estelar", una canción más rockabilly, como para saltar a la pista de baile y mover el jopo rocker hasta quedar exhausto de tanto lustrar el piso con los pies.

Estos chicos, oriundos de la cuidad de Chimbarongo, tienen una materia prima ideal para moldear algo muchísimo mejor. Si bien este disco es un buen trabajo, todavía quedan cosas por pulir. Las ideas están. Las canciones también. Tienen la actitud y el talento. Sólo resta poner la vara un poco más alta y que ellos mismos se atrevan a saltar esas vallas, que tal vez producto de la ansiedad, han ido levantando con este disco, que con un cuidado un poco mayor y más atención en los detalles y pulcritud en las terminaciones, podría tenernos en este comentario hablando de cosas mayores.

Calificación:  Copa Absenta Copa Absenta Copa Absenta (tres copas de absenta!)

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