
La belleza de lo simple…
Argumentando un diálogo carente de grandilocuencias, The Artist se erige como una obra que habla desde el gesto y la acción por sobre la palabra. Para ello, utiliza el lenguaje primigenio del cine, aquel empleado por Lagdon, Lloyd, Linder, Valentino, Chaplin o Keaton.
Esta es una película hecha a la antigua. Una historia sencillísima en donde la suma de 1 + 1 siempre será 2. Es una vuelta a la raíces, al origen, al inicio. Es un tributo por lejos a la época dorada del cine. Una época en donde todo el mundo era en blanco y negro, y se movía al compás de las cámaras de manera acelerada. Una época en donde el actor predilecto podía ser un pirata, un ladrón, un justiciero enmascarado y su fanaticada lo seguía a donde fuera sin siquiera preguntarse cómo sonaría su voz.
The Artist es una cinta en donde se une el ocaso de una estrella, a la vez que los días finales de una etapa que creó y marcó al cine, con la aparición de nuevas y frescas estrellas sumadas a la irrupción de nuevos avances y tecnologías en la pantalla grande.
Es la contraposición del orgullo con la humildad y simpatía. La confrontación de lo anticuado (según vox populi) versus lo novedoso (también según vox populi).
Destacan las excelentes actuaciones de Jean Dujardin y la hermosísima Berenice Bejo, que logran crear esa magia y empatía inmediata con el espectador, y que al igual que el cine de antaño, crean la pareja perfecta, ideales para la gran pantalla de siempre, esa que comenzó sin sonidos y sin colores.
Ver Trailer:
The Artist - Michel Hazanavicius (2011), 

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