Por Tilo Nurmi
"Después de 10 años de existencia y 5 álbumes, Morthem Vlade Art decide poner fin a su carrera. Gregg está trabajando en un nuevo proyecto solista y Emmanuelle escribe un libro", era el año 2006 y este comunicado publicado en el Sitio Web de Morthem Vlade Art despedía a una de las bandas más interesantes del movimiento oscuro de los años 90.
Provenientes de esa Francia que nos ha entregado bandas emblemáticas de la cultura gótica y oscura como Neva, Die Formm y Lucie Cries, el dúo conformado por Gregg Anthe y Emmanuelle D. sorprendió al mundo con la publicación de su primer disco el año 98, el maldito y oscuro "Herbo Dou Diable", bajo la etiqueta Pandaimonium Records, casa discográfica en la que milita Clan of Xymox y Nosferatu.
La particularidad de "Herbo Dou Diable" es que mezclaba con este toque tan típico francés -en cuanto a su prolijidad, elegancia y sofisticación- los espectros musicales de atmósferas neoclásicas, unidos a la maquinaria industrial de las pistas de baile, el death rock más inspirado y un sorpresivo estilo barroco, apoyándose en violines, guitarra eléctrica, bajo, batería y delirantes percusiones. Todo ello, obra de dos espíritus en perfecta comunión con el arte, mientras Gregg se encargaba del arreglo y composición de todas las canciones, Emmanuelle hacía lo propio con las letras y el arte de los discos, embriagándonos en una prosa extraña, maldita y peligrosamente sensual.
El disco inicia con la obertura "Leaving the Womb", creando una preámbulo perfecto para el festín macabro que depara el álbum. Una placa que bien podría tratarse de la banda sonora del cine francés más extremo del último tiempo, como "Martyrs" y "À l'intérieur".
En "Herbo Dou Diable" destacan piezas dramáticas y escalofriantes como "Salem", una especie de delirio pagano, canto gregoriano de catacumbas que alcanza en sus poco más de siete minutos de duración un verdadero momento sublime. Mientras "Beyond Sorrow" despliega pasajes del death rock más fino y "Barbaric Dreams" incita al baile y al desenfreno con un sonido industrial que podría animar cualquier fiesta subterránea. Al lado de MVA y los efluvios crueles y exquisitos que exudan de su "Herbo Dou Diable", Marilyn Manson parece un niño de pecho. "Demons of Buried Joys", "Surrender" y "Close to Me" no hacen más que confirmar la alta valoración que tuvo este disco en su momento y que hoy lo mantiene en una categoría de culto.
Con la publicación de su primer trabajo, la vara había quedado alta y la atención mediática recaía sobre el dúo. Una obra maestra como "Herbo Dou Diable" era algo muy difícil de superar. Entonces vino lo inesperado, la banda dio un golpe de timón, alejándose de su característico sonido death rock, pero sin dejar de lado su veta industrial.
Es así como entramos al año 2000 y lanzan el orgánico y enigmático "Organic But Not Mental". De ahí en más, la tónica de MVA sería mutar en cada nueva entrega, despojando a su música de toda ornamentación y enfocándose en lo medular: la melodía y las letras, cuestión que por un lado les haría perder adeptos tras la publicación de cada uno de los trabajos posteriores a "Herbo Dou Diable" y por otro, les haría ganar un público más cercano a la electrónica y al dark pop. No obstante, siempre tuvo un número de incondicionales que se mantuvo atento a la evolución de la banda hasta su disolución.
El primer gran cambio que se percibe en "Organic But Not Mental" se encuentra en la voz principal de Gregg Anthe, que se aleja de la agresividad vocal que demandaba "Herbo Dou Diable" y se acerca poco a poco al universo vocal de David Bowie. "The Night Before", la canción que abre el disco, mantiene el protagonismo de las guitarras eléctricas y el aspecto más industrial del primer álbum. Como entrada, representa de lleno la línea que seguirá la placa, en un sonido más contenido, aunque tremendamente visceral, con enormes composiciones como las grandiosas "Splendor in the Grass", "Cream" y la que le da nombre al disco, "Organic But Not Mental". Además de dos piezas homólogas al "Salem" del primer disco, "Danger crawls on mosaic" y la estremecedora "Fragance". En "Narcissus Metamorphosis" coquetean con el delirio infantil de lo macabro, en una canción evocadora por el timbre vocal, que nos trae a la memoria a ese poeta maldito, hermoso y vanguardista del death rock, Rozz Williams.
En este segundo disco el halo barroco de "Herbo Dou Diable" se diluye, dando paso a las máquinas orgánicas para una segunda placa igual de impactante y genial, donde se nota un concepto más enfocado al "formato canción", a pesar de temas como "Silent Cries" o ese escalofrío musical titulado "One Second" que cierra el disco, más propio de bandas como Midnight Syndicate por su característica de soundtrack para cine de terror.
Un año más tarde y tras toda la expectación generada por sus dos primeros discos, MVA vuelve a sorprender, pero esta vez con un giro un tanto más drástico que el anterior, revelando una fuerte influencia de Bauhaus en su sonido. "Antechamber" su tercera placa, es un registro íntimo e introspectivo, con un desarrollo compositivo que les ha llevado a restarle elementos a su música, embarcándose a partir de esta tercera placa en un viaje sin retorno hacia la electrónica minimalista. La voz de Gregg, recibe la influencia de David Bowie y Peter Murphy, el mejor ejemplo de ello es la canción "Counter Canter", una exquisita melodía que posee entre sus líneas el espíritu fundamental del "Duque Blanco" en su interior y el halo oscuro y gótico del vocalista de Bauhaus.
Si "Herbo Dou Diable" parece salido del infierno, "Antechamber" es el resultado de una humeante noche de cigarros y alcohol. Elegante y misterioso, etéreo y personal. La pista de baile ha sido reemplazada por la luz tenue de una habitación, la copa de absenta y el tabaco. Es un susurro armonioso, oxigenado y seductor, porque si algo transmite este disco es precisamente eso: Seducción. El guante francés haciendo su mejor trabajo.
El sonido ambiental de "Antechamber" alterna pequeñas muestras de su primario sonido industrial, con esta nueva apuesta por una electrónica oscura y corpórea. Claramente no es una electrónica de masas con un loop del sinsentido. La búsqueda y la mutación son características de esta banda, que no se conforma con fórmulas repetidas de éxito asegurado, toman sus riesgos, asumen sus cambios y viven esa linealidad musical como un proceso natural, extraordinario, honesto y con una amplia mirada artística, muy por sobre la brillantina comercial.
En "Loving Shadow", sexto corte de "Antechamber", la figura fantasmal de Rozz Williams se vuelve a materializar. Otras piezas destacables del disco son "1901", la fabulosa y ascendente "The Trap", "The Jealous Well", "Antechamber" que da nombre al disco y el hipnótico final junto a "Last Call".
Fotografía, música, pintura, literatura y cine, todas ellas fuentes abundantes de las que bebe Morthem Vlade Art para armar un concepto propio. Un concepto madurado durante diez años que dio vida a cinco fabulosas producciones, con una libertad creativa que los ha ligado a etiquetas que pasan por: death rock, dark wave, industrial, electrónica y dark pop, haciéndolos inclasificables en su totalidad.

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